En el marco de un Boxing Day excitante como pocos, el Manchester City recibía en el Eitihad Arena a uno de los peores equipos de la Premier League. Los de Pellegrini necesitaban una victoria contundente para recuperar confianza y para poder alejar la posibilidad de caer al cuarto lugar de la clasificación. El objetivo del Sunderland era dar el batacazo para salir de la complicada situación en la que está sumido desde inicios de temporada.
El Ingeniero ponía un equipo potente, con su clásico 4-2-3-1, a pesar de que el Leicester City estaba a la vista: Hart; Sagna, Otamendi, Mangala, Kolarov; Fernandinho, Yaya Touré; De Bruyne, Silva, Sterling; Bony. En la vereda de enfrente, Sam Allardyce buscaba algo de aire con un sorpresivamente ofensivo 4-3-3 dispuesto a jugarle mano a mano al City: Mannone; Van Aanholt, O'Shea, Coates, Jones; Jordi Gómez, M'Vila, Johnson; Borini, Fletcher y Graham.
El City salió como de costumbre, a tener la pelota ante un rival que no atinó a hacer más que esperar en mitad de campo. El primer intento del partido llegó con una pelota profunda para Bony entre los centrales que O'Shea pudo despejar dentro del área. El Sunderland tenía su idea de juego bastante clara: presión en el mediocampo y salida en velocidad con el objetivo de llenar las bandas con los laterales y volantes exteriores. Sus tres delanteros eran prácticamente puntas, en un esquema que al atacar era un 4-3-3 y a la hora del retroceso un 4-5-1 bien compacto.
Pero el que tenía las riendas del partido era el City: una buena llegada de De Bruyne por su costado terminó en un centro bajo que Sterling no llegó a empujar por muy poco. Silva, Sterling y el belga intercambiaban posiciones de manera constante, logrando así despistar a los laterales del rival y también pudiendo generar sorpresa con ingresos a pierna cambiada. A medida que el envión inicial de los de Pellegrini fue convirtiéndose en un manejo más paciente y progresivo de la pelota, el Sunderland aprovechó para ganar varios metros en el terreno de juego.
El Manchester cubría espacios muy bien en fase defensiva y no sufría con los pelotazos a espaldas de los centrales que buscaban lanzar tanto Johnson como Gomez. Pellegrini no estaba a gusto con esta repentina pasividad de sus jugadores, pero lo cierto es que con la disparidad que había en el campo de juego era inevitable que en una jugada cualquiera el City abriese el marcador. Y así fue como sucedió: a los 12' Kolarov llegó hasta el fondo y lanzó un centro muy pasado que fue recuperado por De Bruyne. El ex Wolfsburgo ganó en velocidad pegado a la línea que demarca el área y le colocó la pelota a Sterling en la cabeza casi bajo el arco para que el inglés empuje al gol. El 1-0 era sin dudas justo, pero llegaba en el momento donde el local había bajado un poco la marcha, algo muy peculiar.
En la jugada posterior, los Citizens estuvieron a poco de aumentar el marcador: Yaya filtró un gran pase para Silva, que logró llegar a posición de centro pero su pase fue despejado por O'Shea bajo el arco. El local había regresado al esquema de presión constante con casi todos sus hombres en campo rival, aprovechando el pie de Yaya Touré para que sus mediapuntas abriesen surcos en una defensa que a cada minuto se caía más y más a pedazos.
El segundo gol fue simplemente hermoso: Yaya Touré recibió en soledad de cara al arco de parte de Silva, dejó atrás a dos marcadores con un regate sensacional y sacó un latigazo cruzado por lo bajo que fue imposible de siquiera rozar para Mannone. El 2-0 llegaba en el momento justo, pues era necesario empezar a cerrar el trámite sin dejarle espacio a los delanteros del Sunderland para que complicasen las cosas como se había visto en los minutos previos al gol inicial.
Allardyce se lamentaba en el banquillo, pero las oportunidades comenzaron a llegar para su equipo: primero Borini desbordó y lanzó un gran centro que Fletcher cabeceó apenas sin dirección y el balón se perdió cerca del parante izquierdo. Luego, casi al instante, tras una muy buena jugada en velocidad, Borini volvió a ganar por su costado y su envío terminó en la cabeza de Graham, que con un gesto técnico impecable casi descuenta con un tiro a colocar que se fue rozando el ángulo derecho de portería.
La mejora del Sunderland era notable, pero seguía sin ser eficiente y el Manchester City cada vez que atacaba lo hacía con precisión, velocidad y contundencia pura. En un lanzamiento de falta casi desde el círculo central, Bony ganó en el punto penal con un gran salto y desvió muy bien la pelota para que ingrese pegada al palo y decretase el 3-0 provisorio. Una paliza que se explicaba no en una superioridad abrumadora de los de Pellegrini sino en las excesivas diferencias de jerarquía entre ambas plantillas.
Mangalá estuvo cerca de agregarse al marcador con un intento de remate bajo el arco que se fue ancha por muy poco. El City, ya con la diferencia holgada a su favor, empezó a regular moviendo la pelota de lado a lado sin parar, esperando a que los espacios surgiesen. El Sunderland lo intentó, pero chocó en exceso contra una línea de fondo bien plantada y sus propias limitaciones y torpezas. La primera mitad cerró con un disparo de Silva que se fue cerca del palo derecho, un gran pase filtrado para Borini que fusiló a Hart pero chocó con las manos del gran arquero del City y un cabezazo de Fletcher que se fue demasiado cerca por el lado izquierdo.
La segunda parte comenzó con pocas emociones, pero sobre el minuto 54' el local siguió con su fiesta: Silva tocó con De Bruyne por el centro del área, este jugó en vertical con Bony, Johnson lo cruzó a tiempo al marfileño y la pelota le quedó en los pies una vez más a De Bruyne que no tuvo más que definir con sutileza para dejar todo 4-0 en favor de los suyos.
Allardyce sacó a un intrascendente M'Vila y puso en su lugar a Cattermole para evitar que el desangramiento continúe. Y cuatro minutos después de este impacto, Borini logró achicar la diferencia: Cattermole ganó la pelota en la medialuna y ensayó un disparo cruzado fallido que terminó en pies del italiano casi bajo el arco. Hart logró tapar su primer intento pero el rebote logró capitalizarlo con una gran definición contra el palo del portero. Un 4-1 que maquillaba el resultado y que le daba al Sunderland una recompensa por haberlo intentado desde el comienzo del partido.
Pellegrini movió el banquillo pensando en el partido con el Leicester y salieron Yaya Touré y Otamendi e ingresaron en sus lugares Delph y Kompany (que regresó tras varias jornadas fuera por lesión). El City siguió atacando y en uno de tantos avances casi sin resistencia, Silva recibió un gran taco de Sterling y fue derribado al límite del área por Coates. El penal fue dudoso pero el colegiado pitó a favor de los Citizens. Bony tomó la pelota y le pegó muy mal, terminando esta muy lejos del arco defendido por Mannone.
La lesión de Kompany, minutos después de su retorno, fue lo único que empañó una jornada muy tranquila para el Manchester City. Bony desperdició dos chances de gol muy claras, luego de jugadas colectivas notables a un toque, todavía pensando en el penal que había desperdiciado. Pellegrini terminó conforme con su equipo, que cerró el partido jugando en campo rival y atacando sin parar ante un Sunderland que lo único que pedía hacía largo tiempo era piedad.
Este triunfo tan claro como necesario, no deja de lado el hecho de que el Manchester City es un equipo sin un estilo definido y que depende en exceso de lo que hagan sus - muchas- grandes figuras. Con 35 unidades, y a costa del peor equipo de la Premier League junto al Aston Villa, los de Manuel Pellegrini esperan en el tercer puesto a tan solo 3 unidades del todavía puntero Leicester City, a quien enfrentan en unos días en un choque que será decisivo para las aspiraciones de ambos.



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