La caída de los grandes




En este artículo en Box to Box analizaremos el derrotero de tres conjuntos de la élite mundial que no han superado sus expectativas ni en la actual campaña ni en los recientes años. Estamos hablando de tres gigantes del fútbol británico: el Manchester United, el Chelsea y el Liverpool.




Como bien sabemos, el Manchester United es una referencia mundial en el mundo del fútbol y sin ir muy lejos, en 2011, disputó la final de Champions frente al FC Barcelona de Guardiola que derrotaron a los ingleses por 3-1. En la anteriormente mencionada temporada, el conjunto inglés perdió el liderato de la Premier League en el último partido donde se enfrentaba al segundo clasificado, el Manchester City.

El club supo levantar cabeza tras la anterior temporada tan amarga y el conjunto que entonces dirigía Alex Ferguson levantó el título de la Premier League. Pero en 2014, ya bajo la tutela de David Moyes, el conjunto rojo cayó en decadencia, quedó como séptimo clasificado en la Premier League y no disputó ninguna competición europea, algo que no era habitual hasta ese entonces en un equipo tan poderoso e histórico, referencia absoluta en el mundo del fútbol.

Para la siguiente temporada, llegó el holandés Louis Van Gaal que hacía pocas semanas había conducido a una pragmática y sólida Holanda hasta las Semifinales de la Copa del Mundo de 2014 jugada en Brasil. Pero contra todo pronóstico, el equipo no encontró un estilo de juego ni pudo levantar cabeza en una 2014/15 más bien amarga. Es que a pesar de contar con incorporaciones de peso como las de Ángel Di María, Marcos Rojo y Daley Blind, el United solo pudo alcanzar un milagroso cuarto lugar - más que nada por el sensacional nivel de su portero David De Gea- quedando a cinco lejanos puntos del tercero y último clasificado directo a la Champions League, el Arsenal.

Este pasado verano resultó muy prometedor para los Red Devils: el técnico Louis Van Gaal se puseo firme ante la directiva y apostó por jóvenes promesas - todas en extremo costosas- como Memphis Depay y Anthony Martial por el que se pagó una autentica pasada de 80 millones de Libras. También llegaron jugadores para el mediocampo: Schneiderlin y Schweinsteinger, dos refuerzos de calidad, fueron cuestionados en un principio pero luego demostraron ser muy útiles para la idea de juego que tenía el entrenador. El arranque de temporada fue muy positivo con 2 partidos ganados y 1 empatado. Los tres primeros juegos tuvieron el agregado - en el medio del conflicto De Gea, Real Madrid, Fax y Keylor Navas- de que ningún gol fue encajado. Pero al cabo de los 19 partidos que lleva en la actualidad, el Manchester United solo ha ganado 8 encuentros, perdiendo 5 y empatando los 6 restantes. Además, al conjunto de Louis Van Gaal lo han eliminado de forma humillante de la máxima competición continental en fase de grupos. No es consuelo, claro está, pero al menos quedó tercero, por lo que irá a Europa League. Un torneo al que se une en Octavos de Final, con duelos directos, y que no será un camino de rosas ya que hay equipos de gran nivel como el campeón defensor Sevilla, el Borussia Dortmund, la Lazio, el Napoli, el Tottenham y otros rivales de gran poderío futbolístico y muy buena actualidad.




Pasemos ahora al conjunto de la capital de Inglaterra, el Chelsea F.C que está pasando un pésimo momento tras un comienzo flojo en esta 2015/16 que llevó al despido de José Mourinho antes de que finalice la primera fase de la Premier League. Pero antes de seguir adelante, remontémonos un poco en el tiempo: hace pocos meses, el conjunto londinense ganó de punta a punta la liga doméstica y cayó eliminado - en un partido tan cambiante como emotivo- por el Paris Saint-Germain de Octavos de Final en la Champions League en Stamford Bridge luego de haber ganado en el primer cruce en París. El técnico portugués es muy querido por la afición y durante todos los partidos desde su regreso a casa, en las tribunas aparecían pancartas y banderas llenas de elogios y cariño para su gran ídolo. Lo cierto es que Mourinho a fin de cuentas fue quien hizo a los Blues el equipo poderoso y dominante tanto en su país como en Europa que hoy son. Cuando arribó desde el Porto tras obtener su primera Champions League, logró darle al Chelsea la grandeza y la gloria que tanto anhelaba y se ganó un lugar grabado a fuego en la historia de la institución.

Como se puede ver, todo marchaba de maravillas en las oficinas del club londinense. Con el calendario acercándose al verano era hora de pensar en el mercado de fichajes. El conjunto de Stamford Bridge consiguió la incorporación de varios jugadores de talla mundial: Pedro, Radamel Falcao, Asmir Begović y Baba Rahman se sumaron a la plantilla pero hubieron algunas críticas por no haber apuntado un poco más alto con los nombres elegidos.

El campeón defensor comenzó la temporada de forma muy negativa: en los 5 primeros partidos obtuvo tan solo 1 victoria, a la que se sumaron 3 derrotas y 1 empate. El equipo empezaba a generar dudas tras este inicio liguero horrible y tras unos meses sin buenos resultados ni una respuesta colectiva e individual de la mayoría de los referentes del equipo, Jose Mourinho fue sustituido por la directiva del Chelsea. Para reemplazarlo eligieron a un viejo conocido de la casa, que también había oficiado de bombero cuando hacer años tuvieron que sacar del cargo a Rafael Benitez. Hablamos del holandés Guus Hiddink que si bien había tenido un buen paso anterior por el Chelsea, venía de un fracaso rotundo como seleccionador del primer equipo de Holanda. El entrenador miró desde las gradas la victoria pos Mourinho ante el Sunderland, sub-colista y peor defensa de la Premier League, por 3-1 en un ambiente más bien caldeado con reproches de los fanáticos - y también del entrenador en los momentos previos al partido- hacia los jugadores y aplausos para Mourinho.

En esta reciente doble jornada disputada entre Navidad y los días previos a Año Nuevo, el conjunto dirigido por el holandés primero empató 2-2 ante el sorprendente Watford dirigido por Quique Sánchez Flores, contando con la oportunidad de ganarlo sobre el final en un penalti que finalmente fue muy mal ejecutado por Oscar. Luego igualó una vez más, ahora en cero y ante un Manchester United que llegaba de capa caída a este partido en Old Trafford pero que lo dominó en lo referido al juego y no pudo llevarse la victoria solo por la muy buena actuación de David De Gea. El equipo de Londres, todavía con Mourinho en el banquillo - y en un grupo verdaderamente complicado, donde corrió de atrás por más de 3 jornadas-, consiguió hace algunas semanas la clasificación para Octavos de Final de Champions League como primero de su grupo. En esta instancia se enfrentará al Paris Saint-Germain de Laurent Blanc que llega en excelente forma, arrasando con todo lo que se coloca en su camino, y con intenciones de repetir la hazaña de la pasada edición del torneo más importante del mundo.




Para finalizar este breve repaso de la actualidad de los clubes grandes de la Premier League que se encuentran en crisis, analizaremos al Liverpool F.C, un grande entre los grandes no solo por su palmarés en lo que respecta a torneos de cabotaje sino porque a nivel europeo no hay ningún cuadro de su país que lo supere. Con tres Champions League (la última en 2005 en la inolvidable remontada ante el Milan luego de ir 3-0 abajo en el marcador) y tres Copa UEFA - hoy Europa League-, ha sido siempre una potencia de cuidado y respeto en todos los estadios que ha pisado.

La temporada 2013/14 fue la última en la que el Liverpool pudo demostrar que todavía seguía siendo un verdadero gigante. Tras años de frustraciones, sin mejores resultados que un lejano segundo puesto en Premier League en la 2008/09, este fue el gran año del Liverpool bajo el comando de Brendan Rodgers. Peleó mano a mano contra el Chelsea y el Manchester City hasta el final, liderando la clasificación durante gran parte del año y jugando un fútbol sensacional de la mano de Luis Suárez y Steven Gerrard que estuvieron más que intratables. Pero el famoso resbalón de Stevie-G ante los Blues que significó la derrota una fecha antes del final y un partido de otro planeta en el que vencían por 3-0 al Crystal Palace sin problemas, para luego terminar empatando tras recibir 3 goles en menos de 10', significaron el abrupto y triste final para una gran ilusión. 

La salida de Luis Suárez al Barcelona en el siguiente mercado de pases trajo mucho dinero a las arcas del club, una suma que jamás habían visto en toda su historia. Se vendieron algunos jugadores más y se trajeron a varios otros con buena actualidad en sus clubes para tratar de armar un super equipo. Pero lo que le terminó sucediendo a los de Brendan Rodgers fue algo muy parecido a lo que padeció el Tottenham Hotspur tras la venta millonaria de Gareth Bale. De allí en más no pudo encontrar el nivel de la gloriosa 2013/14 y todo fue en decadencia tanto en resultados como en juego - con varias incorporaciones como Benteke que no lograron encajar de entrada en el equipo- al punto de finalizar con el despido de Rodgers a pocos partidos de iniciada la temporada y la contratación de inmediata de Jürgen Klopp. Con el alemán, los Reds han mejorado significativamente ganando en agresividad y velocidad, pero manteniendo la irregularidad que ha sido marca de agua en estos años. Con triunfos sensacionales como el 4-1 ante el Manchester City y actuaciones entre prometedoras y normales, el Liverpool de a poco levanta cabeza con la esperanza de que cuando Klopp pueda armar una plantilla a gusto regresen las épocas de gloria y felicidad a Anfield Road. 






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